Uno de los mejores JRPG de 2024 con pokemones, granjas y yakuzas; análisis de Like a Dragon Infinite Wealth

Por Marcos Wagih

Like a Dragon: Infinite Wealth es uno de los mejores JRPG que he jugado en mucho tiempo y, de no ser por Granblue Fantasy, Persona 3 Reload, Avowed o Final Fantasy Rebirth, me atrevería a decir que es el más potente de 2024. No obstante, frente a tanto gran lanzamiento, resulta complicado dar un veredicto tan taxativo. Más todavía si tenemos en cuenta que todavía no hemos podido disfrutar de todos ellos. Sea como fuere, creo que esta introducción deja muy en claro cuál es mi opinión para con lo nuevo de Ryu ga Gotoku: es buenísimo.

Por supuesto, con esto realmente no os estoy diciendo demasiado, y es por eso mismo que iré profundizando en la cuestión de manera gradual. No obstante, es igual de importante tener en cuenta una cosa: la cantidad de actividades secundarias y cosas que tenemos por hacer es ingente. Tanto es así que Infinite Wealth es el juego más grande y con más contenido de la historia de la saga Yakuza.

Teniendo en cuenta que Like a Dragon podía extenderse más allá de las 100 horas y que la rama principal (es decir, los propios Yakuza) son juegos precisamente cortos... Pues ya os podéis imaginar la de horas de juego que os vais a encontrar. Del mismo modo, el nuevo escenario principal, Honolulú (Hawai) no solo se define como un emplazamiento prácticamente inédito, sino que, además, es uno de los mapas más grandes de toda la franquicia.

Análisis de Like a Dragon: Infinite Wealth, el juego más grande de la saga

Por lo tanto, lo primero que debéis tener en cuenta es que Like a Dragon, para lo bueno y para lo malo, es un juego muy absorbente y con muchísimo contenido. A título personal, lo considero un auténtico acierto, ya que siempre tenía ganas de más y con este me he quedado muy saciado. Lo único malo es que el New Game+ solo está disponible de la versión deluxe en adelante, así que si adquieres la edición base, es posible que encuentres discrepancias para con mi review.

Dicho esto, os advierto: es imposible que os hable de todo lo que podemos hacer en Infinite Wealth, pues de otra forma estaríamos aquí durante horas. Lo que sí puedo hacer es daros un resumen general mientras abordamos los puntos más importantes. No obstante, antes me gustaría darle un buen repaso a la historia y la narrativa, pues es de lo mejor que nos ha dado Ryu ga Gotoku en mucho tiempo. Y eso que en realidad no empieza con buen pie.

Aunque Like a Dragon: Infinite Wealth ofrece una introducción bastante interesante, nos deja muy claro desde el principio que es indispensable haber jugado a la primera entrega para enterarnos de qué está pasando. De otra forma no solo nos perdemos detalles importantísimos, sino que pierde toda la gracia. Sinceramente, no lo veo mal, ya que estoy un poco cansado de los juegos que hacen las veces de secuela, pero dejan cabos sueltos para poder funcionar de manera independiente. Aquí eso no sucede.

Entonces, ¿dónde está lo malo? En que las primeras horas de juego, más allá de la introducción, siguen un hilo argumental demasiado errático y casi sin sentido. Las cosas no empiezan a arrancar de verdad hasta que nos vamos a Hawai e, incluso ahí, le cuesta. Nos exige, por lo tanto, un pequeño ejercicio de paciencia que (eso sí) acaba dando muy buenos resultados.

Una historia de las que dejan huella

Infinite Wealth recoge el testigo de su precuela, pero desde una perspectiva más dramática. Sin olvidarse del sempiterno buenrollismo de Ichiban Kasuga, su inigualable protagonista, nos recuerda de la manera más dura posible que el mundo real no es tan bonito como lo ve el exyakuza. Así pues, a sus propios dramas tendremos que sumarle la sangrienta realidad de Hawai, un paraíso que esconde un infierno de sangre y muerte mucho más duro de lo que esperábamos. Aquí la gente no se anda con tonterías y es posible que acabes destripado en un callejón si no te andas con cuidado.

Aparte, más pronto que tarde confluirán la historia de Kiryu, el Dragón de Dojima, e Ichiban. El primero será más un deuteragonista que otra cosa, pero su presencia funciona realmente bien. Él y Kasuga hacen un tándem extraordinario que hace que no echemos de menos (casi) a nuestros compañeros de la primera entrega durante el tiempo que no están en pantalla. Y no es poco, la verdad, aunque tienen sus cositas. En cualquier caso, el combo es brutal y le da a la historia el toque que le hace falta.

En cuanto arrancan motores, la narrativa te atrapa y no te suelta mediante una serie de hilos argumentales bastante bien construidos y un elenco repleto de protagonistas y secundarios con mucho carisma. Eso sí, el juego se toma las cosas con calma y, al igual que otros Yakuza, habrá miles de líneas de diálogo. Si te gusta leer tanto como a mí no tendrás problema, pero ya te lo advierto: abundan las cinemáticas y las conversaciones largas.

Esto no le resta ritmo, puesto que encajan bastante bien, pero no deja de ser cierto que hay muchas secciones en las que puedes soltar el mando y simplemente mirar durante bastantes minutos. En cierto modo, teniendo en cuenta que recoge tanto la historia de Kiryu tras los eventos de Like a Dragon Gaiden: The Man Who Erased His Name y el propio Like a Dragon, es normal, pero habría sido igual aunque no fuera así. A Ryu ga Gotoku le encanta andarse por las ramas y eso no ha cambiado.

Un JRPG en letras mayúsculas

En resumen, que salvo ciertos momentos, el argumento funciona muy bien gracias a la construcción de sus personajes, la evolución natural de la trama y los diálogos. Estos últimos tienen su aquel en algún que otro momento, por lo que parecen fallas menores de traducción, pero no es nada importante. Dicho esto, ¿qué es lo que podemos esperar del juego? Para quienes no conozcan la saga, lo fácil es decir que es un título de rol con combates por turnos y exploración en formato sandbox en una gran ciudad (Honolulú).

No obstante, eso es quedarse solo en la superficie. Ichiban, nuestro protagonista, tiene cierta obsesión con Dragon Quest y quiere ser un héroe, por lo que cuando entra en combate, hace que los enemigos cambien de apariencia y se conviertan en otra cosa. ¿Por qué? Pues para poder diseñar enemigos con poderes especiales y trajes lo más esperpénticos posible sin romper el concepto de realidad. Al menos del todo. Dentro de la inverosimilitud, es una ficción plausible en donde lo más extraño tiene lugar en la mente del protagonista. Al menos cuando hablamos de combates.

Esto es lo que permite al equipo creativo justificar que existan habilidades especiales, movimientos finales o técnicas curativas. De hecho, cuando lo comparamos con la entrega anterior, vemos cambios interesantes. La posición ahora es más importante, ya que podemos movernos para generar ataques de apoyo adicionales, provocar impactos, etc. Ah, y los enemigos ya nos atacan al pasar por su lado, siendo esto algo que no recuerdo con cariño de Like a Dragon (a secas).

Junto con el nuevo sistema de límites mediante los ataques de equipo y las funciones del nuevo medidor de frenesí, el combate se siente más completo que nunca. Sin perder su aire desenfadado y rocambolesco, es más táctico y más divertido. Aparte, se ha incluido un sistema (en PS5 es pulsando el L2) mediante el cual podemos resolver los combates contra enemigos mucho más débiles por la vía rápida a cambio de obtener menos experiencia.

Yo quiero ser el mejor que habrá jamás...

Y aunque cabría esperar que con todo esto ya hemos abordado el grueso del juego, lo cierto es que no estamos ni de cerca. Infinite Wealth ofrece decenas de actividades secundarias tales como, por ejemplo, ir en bus fotografiando pervertidos para darle la ubicación a la poli y ganar recompensas en el proceso. O visitar un establecimiento turístico para disfrutar de cinemáticas de ocio y desbloquear nuestros trabajos para nuestros personajes. O convertirnos en el mejor entrenador Pokém... Quiero decir, en el mejor entrenador Sujimon de todos los tiempos.

Si hay dos actividades secundarias importantes en el juego esas son la Isla Dodonko y los Sujimon. Estos segundos son combates entre pervertidos y bichos raros (sí, es así) de 3 vs. 3 en los que Kasuga hará las veces de entrenador y les dará órdenes. Mecánicamente es muy sencillo, puesto que podremos atacar a más de un enemigo en función de donde los coloquemos dentro de una línea de tres, pero... Cuando tenemos en cuenta que hay más de 300 diferentes, la cosa se complica.

Además de incluir un sistema de rangos, niveles, medallas, estadísticas y debilidades elementales, los combates Sujimon parodían Pokémon Go e incluyen incursiones especiales para obtener especímenes raros y poderosos u obtener recursos adicionales mediante paradas Sujimon. Cuando lo juntas todo, te queda un modo de juego secundario muy divertido que te obliga a explorar todavía más la ciudad.

Lo mejor de todo es que tendrá su propio sistema de vínculos, por lo que a las relaciones entre personajes (que nos dan efectos especiales y bonus en combate, así como escenas adicionales) tendremos que sumarles las de los Sujimon, siendo más fuertes en combate cuanto mejor sea nuestra relación. Ah, y para capturarlos tendremos que reventarles a palos para demostrarles quién es el más fuerte y luego sobornarlos con un regalo. Sublime.

... y relajarme en mi propia isla vacacional

El segundo gran modo de juego secundario (y al que le he dedicado muchas más horas de las que me gustaría reconocer) es la Isla Dodonko. A grandes rasgos, es como si Animal Crossing se vistiese de Yakuza y nos permitiese convertirnos en un maestro del capitalismo y el turismo. A través de un pequeño relato que recuerda a Momotaro. ¿Cómo? La sorpresa os la reservo, pero acabaréis llegando a una isla que se ha convertido en un vertedero de residuos.

Acabarán pasando ciertas cosas, por lo que decidiremos echar una mano y restaurar la isla. ¿Cómo? Destrozando rocas y árboles, así como restos de basura, para obtener recursos, fabricando elementos decorativos, construyendo zonas de hospedaje y gestionando una muy pequeña granja mediante la cual obtener otras ventajas con las que construir nuestro gran imperio vacacional. Decir que es rarísimo se queda corto, pero es que es todavía más divertido... y adictivo.

El caso es que tendremos que ir restaurando el lugar poco a poco mientras aumentamos su reputación. Podremos mejorar los servicios que se ofrecen e ir ampliando el lugar poco a poco al tiempo en que atrapamos bichos, recogemos cosas de la playa o pescamos. Vaya, que tiene su propia forma de funcionar y un sistema de combate único en tiempo real en el que echaremos a basureros residuales con muy mala baba a batazo limpio. Es un comehoras y es realmente satisfactorio.

Conclusiones

Todo esto lo podemos acompañar de un mapa bastante intuitivo, nuevos sistemas de transporte, un combate realmente bien pulido, un apartado gráfico resulñtón, una banda sonora bastante potente y una dirección muy notable. Vaya, que Like a Dragon: Infintie Wealth hace muchas cosas bien. Lo malo es que puede resultar demasiado abrumador, por lo que me veo que será un juego con una tasa de abandono bastante alta.

Aparte, lo de que el NG+ no esté en la edición base es un palo, junto con algunas decisiones narrativas que se basan demasiado en el poder del guionazo para darnos la ruta que ellos quieren sin complicarse demasiado. Las coincidencias, tal y como pasó en la primera entrega o sucede en otros Yakuza, son un recurso demasiado frecuente. Pese a todo esto, sigo pensando que Infintie Wealth es un auténtico juegazo y que lo tiene todo para ser uno de los mejores JRPG del año.

De hecho, si te gustó Like a Dragon, este te va a encantar. Si no lo conoces, te recomiendo encarecidamente que pruebes el primero, porque es realmente bueno, y luego des el salto a Infinite Wealth, porque merece muchísimo la pena. La mejor manera que tengo de explicaros lo mucho que me ha gustado es que le he dedicado más de 90 horas (y las muchísimas que me quedan) y sigo teniendo unas ganas de jugar tremendas. Decir que es bueno es quedarse corto, pero será mejor que te gusten el humor y las obras con mucho texto.

Foto: Cortesía

Fuente: marca.com

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